La bella Corinna Sayn-Wittgenstein da que hablar en España

17/04/12

  • Es muy amiga de don Juan Carlos y, ante la falta de versiones oficiales, parece que le acompañaba en la cacería de Botswana
  • La Casa del Rey sigue aferrándose a que el viaje era privado y no tiene por qué informar de él. ¿Hay algo privado en la vida de un rey?
  • Instalada en las cercanías de El Pardo, el nombre de la princesa divorciada comienza a girar en la noria

Tiene 46 años y es, indudablemente, una mujer de gran atractivo. Se llama Corinna Sayn-Wittgenstein y dicen –ante la falta de información oficial— que acompañó al rey, junto a un grupo de amigos, a la cacería de Botswana, que acabó como el rosario de la aurora, con el monarca abatido por su propia cadera, aunque menos maltrecho que el elefante que mató. O los elefantes, a 45.000 euros ejemplar.

Corinna, dos veces divorciada y ahora soltera y, al parecer, con cierto compromiso.

Y, ante la falta de información de la Casa Real, se dice que quienes acompañaban al monarca eran, entre otros, varios jeques árabes.

Y ante la misma falta de información se comenta que entre ellos podría estar un sobrino del rey de Arabia Saudita, Alwaleed bin Talal.

Este nombre no les dice nada, si no continuamos con la historia. Fue el jeque exonerado por la Audiencia de Palma de un presunto delito de violación en la persona de una joven modelo, en el verano de 2008, en su propio yate. Ante las incongruencias de la denunciante, la Audiencia archivó el caso tras exonerar al noble árabe de la acusación

Como la Casa Real no dice nada, ni siquiera, por lo que se ve, informa al Gobierno de los viajes de don Juan Carlos, por muy privados que sean, pues por la Villa y Corte empiezan a correr los más dispares rumores. La bella Corinna se ha instalado en un chalet cerca de El Pardo, y al parecer sale mucho de cacería con su amigo el rey.

El Confidencial.com indica que ella y algunos empresarios españoles podrían haber estado también en Botswana. Sostienen algunas fuentes que ella se ha arrogado la representación del rey de España en ciertas gestiones empresariales internacionales, pero la Casa Real dice que nadie se puede arrogar la representación del rey de España sino las personas debidamente acreditadas y que ésta no lo es. Bueno, ya saben. Pero podría serlo.

No se puede dudar de la belleza de la princesa por matrimonio.

Lo cierto es que la bella Corinna también representa, oh, cielos, a una empresa de organización de safaris, no precisamente Rann Safaris, la que colgó en su web la terrible foto del elefante muerto y del monarca, rifle en mano, posando con el cadáver del paquidermo para la posteridad. Ella representa a otra, quizá la que organizó la cacería del otro día; o quizá no.

Tampoco ha dicho la Casa Real quién pagó la cacería; y, si no la pagó el rey, a cambio de qué se la han pagado.

En algunos círculos del PSOE, como los de Tomás Gómez, responsable de la organización en Madrid, ya se comenta, sin ambages: “O se porta bien, o abdica”.  Pero en Ferraz dicen que esta de Tomás es su opinión, no la del partido. Rubalcaba ha sido más sutil: “Antes de pronunciarme, hablaré con el rey”. Cayo Lara también quiere la república. Hombre, vamos despacio.

Mientras Repsol YPF, una de nuestras principales empresas, se debatía en Argentina entre su ser o no ser, mientras la prima de riesgo se disparaba, mientras una parte de España pasa grandes necesidades, incluso hambre, mientras se volvía a hablar de rescate de España por la Unión Europea, el rey, su rey, cazaba en África.

Era el mismo rey que nos pedía sacrificios hace un par de semanas. ¿Es éste, acaso, un comportamiento ejemplar?

Desde luego, la familia real es un poema: un yerno, declarado por el juicio paralelo nacional presunto sinvergüenza; un nieto que se pega un tiro en el pie; una reina que se va a Grecia, a no sé qué rito ortodoxo, mientras el niño está en el hospital y el marido en África, con no sabemos quiénes, y que cuando su marido se accidenta no suspende el viaje. Quien diga que están bien avenidos que levante la mano.

Frecuenta fiestas y saraos, aunque muy elegidos.

El jeque de la película, Alwaleed bin Talal, ocupa el número 29 de las personas más ricas en la lista de Forbes. Bien puede pagar un safari y mil safaris, pero como la Casa Real no dice nada tampoco de la amistad del rey con este siniestro personaje, pues no sabemos.

Todo son conjeturas, oscurantismos, caderas rotas, dedos destrozados y una familia –la real, nada menos— que se desintegra poco a poco. Y el que avisa no es traidor. Mientras, en el Ayuntamiento de San Sebastián, izan la tricolor. ¿Un aviso a navegantes?

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El dedo de Mustafá

Cuenta la vida de un profesional de la información, apartado de la enseñanza por la vía de la insidia, que narra sus experiencias a los jóvenes redactores de un diario y a los alumnos de un curso en la Universidad.Desnuda su alma para ellos. Vuelca en el relato sus miedos, sus dudas, sus momentos de gloria. Leer más

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