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Laboratorio González Santiago

José Miguel Pérez no fue aplaudido ni una sola vez en una hora de discurso

02/07/12

Paulino Rivero y José Miguel Pérez, en el congreso del segundo. Un dúo chungo.

  • Muchos dirigentes socialistas se preguntaban qué hacía en su congreso Paulino Rivero
  • Pérez amenazó con dimitir si Tenerife interfería en su Ejecutiva

Muchos dirigentes socialistas, incluso gente de a pie, se preguntaban qué hacía Paulino Rivero en “su” congreso. José Miguel Pérez amenazó con dimitir como secretario general y como vicepresidente del Gobierno si no se aceptaba, por parte de Tenerife, la Ejecutiva regional que él proponía. Cincuenta compromisarios se mandaron a mudar del congreso, descontentos y frustrados. No le va a ser fácil dirigir el partido de esa forma.
Porque los compromisarios tinerfeños votaron en blanco, no le eligieron. No soportan sus coqueteos con Coalición Canaria, no quieren a los nacionalistas en el Gobierno. Prefieren al PP como socio, incluso. O la oposición.
José Miguel Pérez es un líder de papel, devaluado, inquieto de cara al futuro.
Como castigo al líder recién elegido, ovación a Juan Fernando López Aguilar en su discurso final. Desde luego, fue una humillación porque aquellos aplausos iban más en contra de Pérez que a favor de López.
Es curioso lo de las vidas paralelas de estos dos políticos, Paulino Rivero y José Miguel Pérez. Ambos han sacado adelante sus congresos por estrecho margen. A ninguno de los dos les perdonan sus compromisarios que hayan pactado el uno con el otro y los dos se mantienen en sus puestos, como responsables de sus partidos, por estrecho margen. No se puede pedir más.
Mañana, hoy, tiene que lidiar José Miguel Pérez un partido dividido, casi sin rumbo, un partido que no ha estado jamás tan mal, al menos que se recuerde.
Hoy también empieza una nueva etapa, pero con ese escaso margen no se puede dirigir un partido. Igual que Paulino Rivero. Los dos aliados parecen
atacados por la misma maldición. En sus partidos ya no les aguantan.
Vamos a ver qué ocurre en los congresos insulares. Paulino Rivero tiene perdidas cinco de las siete islas. Y él lo sabe. En el PSOE son más disciplinados, pero hasta la disciplina la han perdido. En Adeje, unos 50 se mandaron a mudar antes de que terminara el congreso. Y los compromisarios de Tenerife no votaron a Pérez, que sólo logra el favor de la provincia oriental y con ciertas excepciones.
Bueno, el congreso ya es historia, pero ahora empieza la otra historia. Una historia tremendamente incierta, a la que el PSOE, un partido obediente, no está acostumbrado.

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