¿A qué juega el insulso presidente del Gobierno de España?

Vaya por delante mi confesión de animadversión, no sobre el personaje en cuestión, sino contra su impresentable comportamiento como dirigente que encabeza la institución de la Presidencia del Gobierno de España.

Hasta la fecha, nuestro país había tenido unos grandes estadistas al frente del Estado, salvo cuando llegó “el neurona distraída” del Zapatero; sin embargo, todos habían ejercido dicho puesto con esfuerzo y valientemente. Ninguno se había escondido como un cobarde e irresponsable como el señor Rajoy. Incluso Zapatero, dentro de su ignorancia y nula preparación como estadista, afrontaba los problemas y daba la cara ante la sociedad cuando la situación lo requería.

Mientras la responsabilidad del puesto y la sociedad requieren transparencia, decisión, valentía y actuación inminente, nuestro presidente del Gobierno hace todo lo contrario, es decir, esconde la cabeza, se refugia detrás de videoconferencias para evitar que la prensa le pregunte, no toma decisiones y pasan semanas sin afrontar los problemas y se dedica únicamente a encogerse de hombros y a negar las evidencias.

Esta actitud, que él considera normal y que incluso sus correligionarios no entienden, es una de las causas de que el Partido Popular se haya dado un tremendo batacazo electoral hace unas semanas y, si no lo corrige, estén ustedes seguros de que les llevará al abismo, el 29 de noviembre, en las elecciones generales. Fecha provisional.

Independientemente de la falta de coraje del señor Rajoy, creo que flaco favor le hace a la democracia el hecho de que en los tiempos que corren una sola persona decida quién se va a presentar como candidato: él. En el PP la democracia interna está intervenida y al que habla le cortan la cabeza. Sus líderes se han sucedido por elección presidencial, sin votación ni ningún otro mecanismo democrático. Recuerden que siempre fue así, desde el fundador, el señor Fraga, que fue quien nombró a los sucesores, sin mucho éxito hasta Aznar. Y luego éste, con lo poco que tenía, casi que no le quedaba otra que designar a Rajoy. Y ha dicho muchas veces que se ha arrepentido.

Esa forma de actuar de un partido político, tarde o temprano trae rayos y truenos internos y les llevará a la desintegración, porque aumenta el desafecto social hacia una clase privilegiada designada por dedocracia.

Hace unos días, Rajoy ha hecho unos cambios en la dirección de su partido, que él cree que son importantes; y que el resto del partido y la sociedad coincidirá conmigo en que son minúsculos y de escaso calado. No se da cuenta “el barbas tristes” de que porque ponga a un par de jóvenes, si no cambia a los viejos que llevan treinta años en el partido, como Cospedal y sobre todo el dinosaurio Arenas, la gente no se creerá la regeneración de su formación. Y lo peor es que cree él, aun siendo el más viejo del lugar, que es capaz de seguir liderando el PP después de todas las derrotas que ha sufrido y, sobre todo, que, con su edad, siendo el único superviviente de su generación política, va a ser capaz de liderar el cambio.

Señor Rajoy, la única solución de regenerar su partido y de evitar una derrota todavía peor en las generales es que usted renuncie y se vaya a su casa. Se ve que este señor no se mira al espejo, pero debería hacerlo y mirarse las heridas de guerra que acumula en su rostro después de cuarenta años dedicado al mundo de la intriga palaciega.

Imagínense si este señor vive fuera de la realidad de nuestro país que al día siguiente de las elecciones autonómicas y locales su conclusión era que, a pesar de haber retrocedido en votos, que así es como llamó a haber perdido cuatro millones de votantes, que es la perdida histórica más elevada en la democracia española, pues para él solo era un simple retroceso. Pero que habían ganado las elecciones.

Rajoy, está usted en el mundo de Alicia en el País de las Maravillas, y no se da cuenta que se miente a sí mismo, porque ya la sociedad no le cree ni una palabra. Baja y se derrumba cada día más.

Y seguidamente a estas conclusiones tan fantásticas dijo que no era la cosa para tanto y que no pensaba hacer cambios. Haga caso a su gente, que se lo pide a gritos, y márchese a su casa para no hacer más daño a este país.

Y todavía sigue demorando en el tiempo los necesarios cambios en el Gobierno para poder afrontar una renovación creíble del partido y poder contener la debacle electoral que le espera en noviembre. Sigue mareando la perdiz y, mientras tanto, la izquierda continúa comiéndole el terreno sin contemplaciones.

Creo que ya todo el mundo tiene claro, menos él y sus lameculos cercanos, que su partido y este país solo tienen una solución y no es otra que ver la renuncia de Rajoy como presidente del Gobierno y de su partido y que por vías democráticas, que ahora están ausentes en el PP, se elija una nueva dirección y un nuevo presidente o presidenta que opte con mínimas garantías a ganar las elecciones generales del 29 de noviembre.

Estimado pero incompetente presidente del Gobierno español, sería bueno que recordara usted el grito de guerra de su antecesor y se aplicara el cuento: “Váyase, señor Rajoy”.

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Es una publicación de El Diario de Tenerife.com