Réquiem por Izquierda Unida

El partido que nació hace casi treinta años como única alternativa de izquierdas, sustituyendo estas siglas a las históricas del PCE, se hunde irremisiblemente. Los jóvenes universitarios que tomaron el testigo a personajes de libros de historia como Nicolás Sartorius, Ramón Tamames o Gerardo Iglesias –entre otros–  han logrado lo que el régimen no consiguió: acabar con el comunismo, o por lo menos con su “marca”.

Lo más probable es que el sepelio de Izquierda Unida sea el veinte de diciembre, elecciones generales. Su líder se ha “engarzado” a una lista de Podemos por Málaga en la que ni tan siquiera se menciona a su partido. Al joven Garzón, un político inconsistente que no apuesta por su organización se lo ha comido el ambicioso Pablo Iglesias. Algo parecido le sucedió a Tania Sánchez, la lideresa comunista de Madrid, hasta que llegó su novio, o ex novio… que ya no se, y consiguió que abandonase por la puerta falsa dejando al descubierto las vergüenzas políticas de IU en Madrid.

La historia es cíclica, o eso dicen. Hace casi treinta años, el 30 de abril de 1986, los periódicos publicaban: “Se unieron las fuerzas de la izquierda”. La idea era aglutinar entorno al PCE, con el nombre IU, a los votantes defraudados por el PSOE. Lo cierto es que esta coalición se fue deshinchando paulatinamente. Lideres como Julio Anguita, que no tenía ni idea de Europa (estaba en contra del tratado de Maastrich), o Gaspar Llamazares, que con su falta de carisma hundió a la formación en un pozo, permitieron que tomara las riendas un Cayo Lara que no supo llegar a los votantes y que pretendía explicar al Rey como llegararía la República.

El fracaso de IU ha sido cuestionar la Constitución del 78, caer en los brazos de los nacionalismos del derecho a decidir y hacer de la III República su causa principal. Los personajes comunistas que si estarán en los libros de historia de España, consideran que esto es así.

Lo de este partido es digno de estudio. Gerardo Iglesias, uno de los que estuvo en la reunión del hotel Palace para fundar Izquierda Unida, recientemente se ha confesado como votante de Podemos. Para cualquier líder, afiliado o simpatizante esto es una pesadilla.

El experimento sociológico iniciado en la Universidad Complutense ha dado sus frutos –y  no me refiero al político comunista– en España y en otros lugares allende los mares. El comunismo utópico, llamado de otra forma para no escandalizar, lo han llevado a pie de calle con mensajes populistas no exentos de realidades. Mientras tanto los del PP, PSOE y siglas menores se quedaron quietos, y ya se sabe, al que se queda quieto, se lo comen las moscas.

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Es una publicación de El Diario de Tenerife.com