Trump, visto desde Madrid

  • Quienes se invisten de un carácter jupiterino se olvidan de que los dioses no pueden tomar partido

Dice Manuela Carmena que el silencio es a veces responsable, por eso duda si debe callar y reconocer el legítimo derecho a ser respetado que tiene el que ha sido elegido democráticamente, o, por el contrario, manifestar su preocupación estableciendo símiles entre la situación actual de los Estados Unidos y lo ocurrido en la Alemania que apoyó masivamente el acceso de Hitler al poder. Sólo existe un pequeño detalle para no tomarse en serio esta reflexión y es lo declarado por su primer teniente de alcalde en el Ayuntamiento de Madrid al conmemorar el primer centenario de la revolución soviética, a la que presenta como un modelo de limpieza, pues se produjo con sólo cinco muertos. Estas contradicciones se suelen presentar cuando se intenta contentar a todos con una declaración que sirva para dar respuesta a los que piensan una cosa y la contraria. Cuando se llega a la alta responsabilidad de presidir un órgano que pretende representar a la totalidad de los ciudadanos, las personas se invisten de un carácter jupiterino que las hace parecerse a los dioses olvidándose de que los dioses no pueden ser partidarios, y, dada la diversidad de las religiones, no pueden aglutinar en torno a sí a todas las tendencias. No es mucho suponer que al menos no cuenten con la aquiescencia de los ateos. En este caso se agradece el esfuerzo de intentar abarcar todas las opciones que ofrece la duda, y en este incierto territorio tratar de dar una respuesta adecuada que se acerque lo más posible a lo políticamente correcto. ¿Dónde está lo políticamente correcto? ¿Quién fabrica estos principios inamovibles para agitarlos como una bandera? La verdad no puede estar fundamentada en algo tan relativo como la corrección porque este concepto supone el acuerdo con lo previamente establecido. Cambiando el modelo con el que se va a actuar, lo correcto deja de serlo para pasar a ser incorrecto. Lo que antes se incluía en el conjunto de lo conforme será inconforme a partir de que se alteren las premisas de pertenencia al conjunto primitivo. Es decir, la verdad no existe en el territorio cambiante de la política y de las ideas, donde las cosas, aunque yo no estoy demasiado seguro de esto, no pueden ser blancas y negras a la vez.

¿Qué es lo que no puede convivir y sin embargo convive? La llegada del señor Trump al poder ha generado un sinfín de opiniones contradictorias. No en la duda razonable de la señora Carmena, que está cartesianamente expresada, sino en la retahíla de posicionamientos surgidos en los medios de comunicación que tratan de fabricar la opinión políticamente correcta para aplicar un canon infalible a cada una de las disparatadas decisiones del nuevo dirigente de la Casa Blanca. Todo lo referente a la condición personal va a ser indiscutible. Se le tacha de racista, de machista, de xenófobo y de otras cualidades no menos condenables, y esto no parece ofrecer duda. Fuera de este escenario constituido por sus adornos personales hay otros aspectos sobre los que merece la pena reflexionar. ¿Podría entenderse que ese repliegue a lo local que se manifiesta en el America first es una renuncia a la vocación imperialista del Estado norteamericano? Si es así, deberían estar de enhorabuena todos los que abominaban de esta actitud insoportable del hasta ahora gendarme del mundo. ¿Podría deducirse que reducir la aportación de USA a la OTAN supone un atisbo del convencimiento de lo innecesario de ese organismo actualmente? Si es así echo de menos la satisfacción de los grupos pacifistas y antimilitaristas. También es extraño que el anuncio de la suspensión de los tratados de libre comercio no entusiasme a los que, hasta ahora, han estado organizando movilizaciones para boicotearlos. Todo esto suena algo raro. Igual que las declaraciones de Carmena dudando de la legitimidad democrática mientras en su corporación celebran el centenario de la Revolución.

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Es una publicación de El Diario de Tenerife.com