El abuso de los estibadores

Los estibadores españoles sí que son una casta. ¿Eh, Podemos?

  • Bruselas acaba con los intocables en los puertos españoles, que cobran 70.000 euros anuales

La España esencialmente injusta del siglo XIX y gran parte del siglo XX perdura adentrado ya el XXI. Es este un país de privilegios consolidados que favorecen a algunas minorías en detrimento de la gran mayoría. Lo vemos a diario en un asunto tan trivial como los espacios reservados para aparcar ante los edificios públicos…, y no tan públicos. Cualquier cantamañanas aupado a un cargo, o con un trabajo en una cualquiera de las administraciones que padecemos, tiene un lugar intocable para estacionar su vehículo a la puerta del trabajo. Prerrogativa, faltaría menos, de la que carecen quienes les pagan el sueldo.

Lo de los aparcamientos oficiales es una trivialidad. El asunto de los estibadores, no. Estos selectos trabajadores disfrutan de un sueldo medio en España que ronda los 70.000 euros anuales. Más que el de un buen médico, un excelente abogado o cualquier profesional obligado a quemarse las pestañas durante varios años para superar una carrera universitaria. Algo así como el doble de lo que cobran sus colegas europeos, a pesar de que trabajan un 12 por ciento menos de horas. Un coto cerrado ante el cual los políticos, siempre prestos a no buscarse enemigos que les resten votos, jamás han actuado con la debida contundencia para acabar con los abusos. Hace tiempo que perdí la cuenta de las huelgas en los puertos canarios a las que tuve que asistir como periodista, incluidas asambleas con discursos harto incendiarios.

Ah, pero llegó Bruselas y mandó a parar. Una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea obliga al Gobierno español a liberalizar el sector de la estiba portuaria. Sentencia que España debía haber cumplido ya. El retraso en su aplicación le ha supuesto al erario hispano, de momento, una multa de 21 millones de euros. A partir de ahora la cuantía de las sanciones crecerá de forma exponencial. Decreto que no gusta, obviamente, a unos estibadores que han amenazado con “reventarlo” todo. Léase paralizar el endeble despegue de una aún convaleciente economía española. Al final, como es habitual, primero yo, después yo, siempre yo y si queda algo también para mí. Sálvese quien pueda y “aquello” el último.

El PP necesita los votos del PSOE en el Congreso de los Diputados para sacar adelante el decreto liberalizador al que lo obliga, insisto, la UE. De momento está sólo. Incluso Ana Oramas le ha dado la espalda. Hasta feo estaría que alguien de CC apoyase a las empresas de estas islas, habida cuenta de que este partido, por llamarlo de alguna forma, es un conglomerado de intereses con dirigentes siempre prestos para ponerse al sol que más calienta. Lo de Podemos apoyando las movilizaciones de estos trabajadores privilegiados (¿cuántos españoles cobran cerca de 70.000 euros anuales?) tampoco merece un aspaviento. Aunque estén últimamente a la greña entre ellos, jamás pierden una oportunidad de desgastar al Ejecutivo de Rajoy.

Un país con gremios mimados, amén de intocables, no puede ser competitivo jamás, aunque personalmente eso poco me importa a estas alturas de la película. Hace tiempo que dejé de pedirle peras al olmo y —nunca mejor dicho— de ir al mar por naranjas. A diferencia del poeta, ya ni la esperanza me mantiene.

ricardopeytaví@gmail.com

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Es una publicación de El Diario de Tenerife.com