Crónica de Sudáfrica

 Publicado por Cori Hernández
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 Table Mountain y Lion's Head. Ciudad del Cabo./ Cori Hernández

Table Mountain y Lion’s Head. Ciudad del Cabo./ Cori Hernández

Hace ya dos semanas de mi llegada a Ciudad del Cabo y dos meses desde que dejara España (físicamente). Y hay cosas que uno no puede cambiar, por más lejos que uno se vaya, como es el hecho de analizarlo absolutamente todo. Esta actitud, heredada y desarrollada por los estudios (posiblemente mal elegidos), y por, en general, buenos maestros y profesores, me lleva a sufrir permanentes dolores de cabeza.  Es para mí una necesidad vital entender el por qué de las cosas, y eso que me prometí  no indagar mucho en la sociedad sudafricana para así no llegar al nivel de cabreo que me produce conocer los modus operandi en España.

El caso es que mientras soluciono el visado, que va para largo gracias a la inestimable ayuda del staff de Home Affaires Officede peli de Luis Berlanga–,me he instalado con una familia amiga en Kraaifontein, en los suburbios del norte. En el lado malo, para ser exacto, que a su vez tiene una zona menos (¿¿??) mala, en la que me encuentro, a la que llaman “Beverly Hills”, y otra conocida como “el gueto”.

En definitiva, nada que ver con mis días de “nuevo rico” en el Waterfront de Knysna. Y es que ya les hablé de los contrastes en este país. Aquí cualquier barrio tiene su propio Paraíso(blancos), Purgatorio (mestizos) e  Infierno (negros), separados solamente por un par de calles: si conduzco –de nuevo el automóvil como objeto esencial–sólo diez minutos en dirección noreste, paso de la clase media-baja a una location (chabolas, también denominadas shantytowns o townships) y de ésta a Stellenbosch, lugar precioso y conocido por sus montañas, sus vinos, su universidad y sus mansiones.  Y todo esto señores en 10 minutos. Mejor que ir al cine.

Tiger, tumbado./ Cori Hernández.

Tiger, tumbado./ Cori Hernández.

Pero mi objetivo, y el de muchos, es mudarme pronto a los suburbios del sur, cerca del centro, una zona  por lo general más segura, ¡y donde incluso tienen transporte público!

Mientras esto sucede vivo en este barrio, con los coloured o mixedrace (mestizos) pues la segregación durante el apartheid diferenció a éstos de los negros y los colocó en zonas separadas, como el famoso District 6. No hace mucho, esta zona de Kraaifontein era tranquila, eso me cuenta Ouma, la abuela. Ella se mudó aquí hace treinta años, porque a su marido, ya fallecido, le quedaba cerca de su trabajo (fue, como otros muchos, un espía al servicio de los militares, tema delicado en la familia…).

En aquel tiempo, los muros eran bajos y las ventanas no tenían barrotes. Entonces los bóers se “preocupaban” porque su fuerza trabajadora tuviera condiciones decentes. También se preocuparon por que éstos y los indios aprendieran su idioma. Los negros eran demasiado negros…Así, hoy en día los mestizos aún prefieren hablar afrikáans, en lugar de inglés, y el rugby al fútbol.

Pero esos eran otros tiempos. La democracia ha dejado a los mestizos en un limbo. De nuevo en el medio, pero ahora la clase poderosa, los negros, no requieren de sus servicios. Como consecuencia directa de este proceso, el barrio de Ouma ha cambiado. Especialmente su apariencia, pero también sus integrantes:muchas madres solteras, muchos “World Cup babies”,  muchos alcohólicos dando tumbos y, lo peor, numerosos traficantes de drogas que desde por la tarde se adueñande las calles. Nada que no haya visto antes en Manchester o en Birmingham.

Lo que sí me resulta novedoso es que, al contrario que en Knysna,  Port Elizabeth o East London, aquí sí que soy “el otro”. Soy el blanco perfecto, el único que vive en la zona, un objetivo fácil. Dada la situación, ni tan siquiera me dejan salir a correr por las mañanas, así que hasta que me mude,  o bien me voy a Stellenbosch para allí patear un poco, o me dedico a sudar intentando entrenar a Tiger, el pitbull de un año y más de treinta y cinco kilos de puro músculo que gobierna en el exterior de la casa. Eso sí, por ahora, pues yo nunca me rindo al primer corte…Tal vez al segundo.

Me imagino que a estas alturas se preguntarán ustedes el por qué del título del artículo. Me van a disculpar que se me haya ido un poco el baifo, pero resulta que quería introducirlos en el ambiente que me rodea para que así entiendan un poco más mi agradable sorpresa: ¡aquí también hay parques!

Sin embargo,y como se trata de una cuestión relevante en la que me apetece extenderme, les invito de nuevo a  esperar unas semanas más para explicar tan tremenda alegría, y para contarles también mis impresiones tras el primer encuentro con los gangsters de Scottsville.

Hasta entonces, pues, disfruten lo menos posible de los centros comerciales y de las cadenas de comida rápida –ya tendrán tiempo en un futuro cercano sin alternativas–, y, si tienen tiempo, échenle un vistazo a estos fragmentos de mi humorista local favorito, Trevor Noah (absténganse aficionados de En Clave de Já o Los Morancos, esto es otro nivel).

http://www.youtube.com/watch?v=Q12H1dpOwdE

corihc@hotmail.com

 

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