Gesta y sacrificio del teniente González Campos

Por Andrés Chaves 

SINOPSIS

 

Alfonso González Campos, con uniforme de cadete de la Academia de Infantería de Toledo, donde se formó como oficial del Ejército. (Archivo de A. González Hernández)

Alfonso González Campos, con uniforme de cadete de la Academia de Infantería de Toledo, donde se formó como oficial del Ejército. (Archivo de A. González Hernández)

El sábado día 18 de julio de 1936, a las seis de la tarde, un grupo de doce guardias de Asalto y algunos civiles armados salió de su acuartelamiento provisional de la calle de San Francisco –hoy Audiencia Provincial– y se dirigió al Gobierno Civil de Santa Cruz de Tenerife, entonces en la plaza de la Constitución o de la República (hoy de La Candelaria) para liberar al gobernador, Manuel Vázquez Moro, detenido en el edificio y custodiado por tropas leales al general Franco.

Al mando de los guardias, que pretendían hacer desistir a la guarnición de la ciudad de que se alzara en armas contra la República, y sacar de su cautiverio al gobernador, iba un oficial de Infantería de 32 años, el teniente Alfonso González Campos, destinado en las fuerzas de Asalto y dispuesto a salvaguardar la legitimidad y a abortar la sublevación militar iniciada en la madrugada de ese mismo día por tropas leales al citado general.

El oficial y sus hombres no consiguieron su objetivo, González Campos fue detenido y fusilado, tras un consejo de guerra, el 11 de agosto de 1936, a las 5,15 de la mañana, en la batería del barranco del Hierro, en Santa Cruz.

El teniente, a quien la historia ya considera un héroe, tras muchos años de silencios y de olvidos, tiene ahora una calle con su nombre en la ciudad que le vio morir. Esta es la crónica de aquellos sucesos, única acción de guerra que se produjo en Tenerife durante la última contienda civil española. Entre los dobleces de la historia, entre la nebulosa de los recuerdos y puede que metido en alguna carpeta de un archivo militar, quién sabe si un día aparecerá un impreso amarillento de un indulto que jamás llegó, quizá porque tampoco fue concedido.

Lo cierto es que esta muerte llenó de vergüenza y desesperación a todos los que condenaron a un hombre inocente, que llegó a mandar su propio pelotón de fusilamiento y que escribió entre otros, este párrafo dirigido al hijo que esperaba su esposa y que hoy prologa este libro, Alfonso González Hernández: “Muero tan honrado y digno como he vivido. Que mi hijo no se avergüence de mi”.

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 PRÓLOGO

I

II

III

IV

V

 VI

 VII

 VIII

 IX

 X

 XI

 XII

 XIII

 XIV

 

Editan: Periódicos de Tenerife/Burgado Editorial con la colaboración del Exmo.Cabildo Insular de Tenerife
Copyright: Andrés Chaves/Periódicos de Tenerife S.L.U.
Fotografías: Archivo familiar de Alfonso González Hernández y AIN.
Primera edición: 1985
Segunda edición: 2003
Edición digital: 2013
Depósito legal: TF.620-2003
ISBN: 84-933041-0-7
Edición especial de www.eldiariodetenerife.com

 

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